Luterito

Luterito

© 2002

Descarga el PDF aquí

 

 

Tomas Carrasquilla, Autor

 

Luterito, también titulado El padre Casafús en algunas ediciones, fue publicado originalmente en 1899. Es, probablemente, la descripción más precisa —aunque también la más irónica— que ha producido la literatura colombiana sobre las guerras civiles del siglo XIX, en su faceta específica de conflictos religiosos. Carrasquilla no presenta un fresco histórico de carácter épico, sino una compleja trama situada en el marco de una aldea antioqueña durante la guerra civil de 1876. El autor no se interesa por los aspectos militares del conflicto, sino por las motivaciones religiosas, en las cuales se condensan con especial intensidad los enfrentamientos políticos, los intereses económicos e incluso el odio entre las clases sociales.

Hay varios rasgos que cabría destacar como claves para la lectura de este espléndido relato. En primer lugar, la estrechez del marco aldeano que el autor elige para su narración. Carrasquilla prefirió observarlo todo casi exclusivamente desde esa perspectiva, de manera que su obra no puede leerse como un análisis ideológico o político de la guerra civil. Puede decirse que se trata, más bien, de una historia de gentes sencillas que aparecen a la luz de sus propias limitaciones: con su habla local, pintoresca y sabrosa; con su ignorancia y su fanatismo; y también con toques casi caricaturescos.

Un segundo rasgo fundamental es el carácter del personaje principal, el padre Casafús, un protagonista complejo, construido en un juego de contrastes con el otro cura del pueblo, el padre Vera. En medio de la intolerancia exaltada por la inminencia de la guerra, Casafús profesa un cristianismo pacifista, lo cual despierta sospechas: se le considera un liberal disfrazado, un hereje o, al menos, un escéptico que no está dispuesto a instigar la guerra contra el enemigo político y religioso. Sin embargo, el personaje no es tan manso ni tan corriente como podría esperarse de un estereotipo. Por el contrario, es bastante excéntrico, y Carrasquilla exagera sus rasgos hasta lo grotesco. Esto se evidencia con claridad en el final del relato, con la muerte del protagonista: después de la hambruna a la que lo someten los conservadores del pueblo para castigar su supuesto “rojismo”, Casafús muere de hartazgo a causa de una comilona eventual, desproporcionada para su condición. Cualquier posibilidad de invertir la situación ideológica del relato —presentando al cura “rojo” como un santo y a los devotos “conserveros” como los verdaderos enemigos de la caridad cristiana— queda irónicamente burlada, pues la imagen final del atracón deja vibrando un sentido de comicidad farsesca difícil de interpretar de manera unívoca.

La vena satírica de Carrasquilla es implacable en este relato. La cruzada religiosa del devoto pueblo de San Juan de Piedragorda —nombre que constituye otro guiño irónico— parece reducirse finalmente a fanatismo, ignorancia y mezquinos intereses parroquiales. Sin embargo, la ferocidad de los odios alcanza dimensiones extremas, aunque se manifieste en detalles aparentemente menudos. Lo religioso, lo político y lo social aparecen aquí indisolublemente imbricados. La aplastada minoría liberal del pueblo coincide con su capa social más pobre, y la alianza de la Iglesia con los sectores dominantes se describe a escala parroquial. El cuento pone en evidencia la llamada “cuestión religiosa”, tan controvertida a lo largo del siglo XIX colombiano, pero no a través de sus implicaciones doctrinarias, sino en la forma en que esta se vive en una provincia aislada. Los nombres propios que encarnaban la controversia nacional —Bentham, Tracy, Ezequiel Rojas, Aquileo Parra— aparecen mencionados, pero con una resonancia tan lejana y vacía de sentido que a veces suenan como figuras de una mitología extraña y otras como un simple recurso cómico.

La lectura de Carrasquilla se ha visto tradicionalmente obstaculizada por prejuicios que reducen su obra a un valor meramente costumbrista y regional. Carrasquilla es mucho más que eso. Sus novelas y cuentos constituyen la parte más sustanciosa y crítica del legado literario nacional. El vocabulario que utiliza, tan rico y variado, tan cercano a lo coloquial y vivo del habla campesina antioqueña, se ha convertido hoy en una especie de barrera que algunos lectores consideran infranqueable. Sin embargo, no lo es. La obra de Carrasquilla justifica plenamente el esfuerzo por superar esa dificultad momentánea y secundaria: una vez franqueada, su lengua se convierte en una experiencia estética, gracias al ritmo y la exuberancia de sus frases.

Tomás Carrasquilla nació en Santo Domingo, Antioquia, en 1858. Inició estudios de Derecho en la Universidad de Antioquia, los cuales interrumpió debido a la guerra civil de 1876. “No hice campaña y preferí esconderme”, afirmó el propio autor. Ejerció oficios diversos —sastre, concejal, juez municipal y empleado público de pequeña categoría—, según confesión personal. Escribió su primer cuento, Simón el mago, para cumplir con el requisito de ingreso al Casino Literario, un círculo de intelectuales de Medellín. De ese mismo entorno surgió su novela Frutos de mi tierra, con la que quiso demostrar que en Antioquia sí había “materia novelable”. En 1936 recibió el Premio Nacional de Literatura por su novela Hace tiempos, otorgado por un jurado integrado, entre otros, por Jorge Zalamea y Baldomero Sanín Cano. Murió en 1940. Entre sus mejores cuentos, además de Luterito, se cuentan Dimitas Arias (1897), En la diestra de Dios Padre (1897), San Antoñito (1899), A la plata (1901), Salve, Regina (1903) y Ligia Cruz (1920). Su novela más destacada es La marquesa de Yolombó (1926).

 

David Jiménez Panesso, 2002

 

 

 

Tomas Carrasquilla, Autor

Colección: Señal que Cabalgamos

Número 16

N.° de páginas: 82

Año de edición: ©2002

 

 

LIBRO

Sede Bogotá

Facultad de Ciencias Humanas

  • Pagos
    1. Haga clic en: Pago en línea
    2. Seleccione Catálogo de Servicios Sede Bogotá.
    3. Busque Facultad de Ciencias Humanas.
    4. Haga clic en: Venta de libros Centro Editorial e inicie el proceso de pago.
    5. Envíe su comprobante de pago al correo: ventasce_fchbog@unal.edu.co con el título del libro, su nombre completo y documento de identificación.

    Los libros en PDF se enviarán por correo una vez confirmado el pago. Los libros impresos se podrán reclamar en el punto de venta del edificio de Posgrados de 9 a. m. a 4:30 p. m. presentando el comprobante de pago.

    Envios

    Recuerde adicionar los costos de envío al hacer el pedido del ejemplar impreso.

    • Bogotá
    • Cundinamarca
    • Nacional*

    * Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Ibagué, Medellín, Pereira, Sincelejo. Para otros destinos nacionales, consulta la tarifa de envío al WhatsApp 301 7297706 o al correo: editorial_fch@unal.edu.co.